En “El juego”, Winnicott nos brinda una cita, maravillosa por cierto, de Milner. La copio textual:
Los momentos en los que el poeta primitivo que hay en cada uno de nosotros nos creo el mundo exterior, al encontrar lo familiar en lo desconocido, son quizás olvidados por la mayoría de las personas, o bien se los guarda en algún lugar secreto del recuerdo, porque se parecen demasiado a visitas de los dioses como para mezclarlos al pensamiento cotidiano. (Milner, 1957)
Ya con esta cita podemos pensar en varias cosas. Para empezar, en nuestro personal poeta primitivo, ese que seguramente nos susurra cosas seductoras al oido, que nos hace pensar locuras y desear cosas que podríamos tener rozándonos los dedos pero se alejan apenas sentimos el aire de eso que se acerca. Es ese poeta primitivo que nos permite llenar la cabeza de fantasías, ese que matiza nuestros recuerdos para darles el toque único que cada uno de nosotros le da.
En estos roces donde podemos “encontrar lo familiar en lo desconocido” es donde yo creo que podemos encontrar el juego. Ahí en el inconsciente, ahí en lo reprimido.
Winnicott sigue hablando a lo largo de su artículo y menciona a Klein, y el énfasis que le da al uso del juego. Es aquí donde creo que está mi parte débil. Tiendo a centrarme en el contenido. No en el uso. Así como se nos indica que lo que se dice del juego aplica tanto en niños como en adultos, pienso en el “juego de la asociación libre”, y la relación que se da entre analista y analizado, y en cómo a veces por estar escuchando cada palabra me pierdo del matiz tan rico que nos regalan los pacientes con el uso del contenido. Mi punto débil más concreto: la transferencia. Winnicott menciona la elección de palabras, las inflexiones de voz y el sentido del humor como parte del juego en los adultos. Yo a veces puedo usar estas tres cosas y establecer un link con el contenido de la sesión, con la historia de mi paciente, con su problemática actual, pero mmm… con la transferencia a veces me cuesta trabajo. Basta con escuchar a mi supervisor… pobre. Esta semana me habló de “limpiar la transferencia”, para poder llegar a los conflictos más profundos. Tal vez ese sería un juego nuevo en la sesión. Limpiar la transferencia.
El jugar tiene un lugar y un tiempo, jugar es hacer. Y hacer cosas lleva tiempo. Todo palabras de Winnicott. Para limpiar la transferencia entonces necesitaría también que yo me dedique a “hacer”, no sólo pensar o desear. Y también quiere decir que tal vez nos lleve un tiempo llegar a esa meta, que además entiendo como imposible, algo así como sacudir una casa en la mitad de una remodelación. Queda limpia por un ratito, pero el polvo cae de continuo. Y así es el análisis, el polvo no deja de caer, las experiencias no dejan de llegar, el aparato psíquico no deja de trabajar nunca, y eso incluye mecanismos de defensa, procesos primario y secundario, y fallas por supuesto. Así que hay mucho que hacer en el análisis. Hay mucho que jugar, y mucho en juego.
Mucho se ha dicho, se requiere análisis persona, supervisión, lectura y mucho estudio para poder analizar a alguien, pero también se requiere jugar, y eso casi nunca nos lo dicen. “Lo universal es el juego, y corresponde a la salud”, así que no podemos proclamarnos sanos si no somos capaces de entrar en el juego con nuestros pacientes. Al pensar esto en relación a la transferencia, sería como jugar a prestar(nos) para representar papeles, casi como en una obra teatral, si hoy me estan viendo como la madre, puedo jugar a ser la madre por un momento, pero necesito también la capacidad para ver que es jugar, y quitarme de ese papel vía la interpretación de la transferencia. Sólo así puedo jugar, ayudar y sanar.