Una de las cosas verdaderamente maravillosas de estudiar de nuevo, es que estoy releyendo o leyendo por primera vez muchos de los escritos de Freud. Esta semana leí Esquema del Psicoanálisis, de 1940, un resumen muy bueno de la metapsicología freudiana.
En la primera parte hay un apartado referente a la interpretación de los sueños, que encontré especialmente útil para la obra técnica. Me gustaría hacer un resumen y algunas puntualizaciones al respecto.
Se habla de que el sueño es algo normal en la vida de todos los seres humanos, sin embargo, como fenómeno, se parece mucho a la psicosis. Los sueños pueden ser muy confusos, ya que no tienen sentido alguno. Por eso a veces cuesta tanto trabajo narrarlos. Eso que nosostros recordamos cuando nos levantamos, o cuando queremos contarlo, no es el sueño tal cual, es una fachada, una máscara de lo que en realidad pasó por nuestra mente. Lo realmente apasionante de los sueños es que nos acercan al inconsciente casi como ninguna otra cosa… si, existen las ocurrencias, los lapsus, la asociación libre, pero nada como un sueño bien analizado en sesión. Nos da acceso al material reprimido, a lo más originario de nuestra historia.
Freud nos dice que hay dos ocasiones para la formación del sueño: una pulsión sofocada y los restos diurnos. La combinación de estas dos cosas nos da todos esos elementos que a veces encontramos revueltos en el sueño, una casa que es mi casa pero no lo es (¿no empezamos así muchas veces las descripciones de las cosas que soñamos?). Agarramos algo de nuestra vida cotidiana, de lo que nos pasa en el día y lo transformamos, tal vez un comentario, una canción en el radio, un programa de televisión, pasar por algún lugar donde jugabamos de niños, un pleito, una determinada comida… y lo mezclamos con nuestros recuerdos inconscientes. Con todos esos deseos prohibidos que de alguna manera no nos permitimos ni siquiera pensar, o que si los pensamos, nos hacen sentir culpables. Ahora que hay muchos tipos de culpa: puede ser que desee algo malo, dañar a alguien, tener algo que no es mío; o puede ser que desee algo que me produzca goce pero que no puedo aceptar frente a los demas, y aquí mi imaginación vuela, pero tampoco me puedo ventanear tanto.
El caso es que el sueño nos cumple esos deseos, de alguna forma, nos hace pensar que fueron ciertos por lo menos en ese momento en el que lo soñabamos y le da cierto alivio a esa parte de nuestra psique llamada Ello. Porque él participa mucho en el sueño… una memoria mucho más amplia que en el estado de vigilia, uso ilimitado de símbolos que tal vez no entendemos, memorias de nuestra primera infancia, y recuerdos casi arquetípicos.
El trabajo de interpretación de sueños en la sesión es muy ardua, a veces ni siquiera bastan esos 45 o 50 minutos para acabar de delucidar qué significó ese sueño. Y es un trabajo muy artesanal, en el que debemos prestar atención a cada detalle, y pedir ocurrencias al respecto. Necesitamos encontrar esos pedacitos de información que nos van a llevar al deseo original del cuál surgio el sueño.
Yo me quedaré fantaseando un rato en todas esas ocurrencias de deseos “incompartibles” que nos producen goce, que ya analizaré en mi propio analisis…