Hoy fue un amanecer diferente. Sonó mi despertador, lo apagué por primera de las cinco veces que lo apago antes de levantarme y de pronto escuché una voz masculina, ronca, aguardientosa detrás de mi… “Siento que algo está mal entre nosostros”. Hace días que mi “marido” está enfermo, y no va a trabajar, así que no se levanta conmigo en las mañanas, se queda en cama y sólo me despido de él antes de salir del departamento. Pero hoy fue como si hubiera esperado callado toda la noche, para de pronto hablar de nuestra relación.
Ya las mañanas no son fáciles. Soy más nocturna, si he de confesarlo, así que eso de levantarme antes de que salga el sol para bañarme, arreglarme y en caso de que sobren unos valiosos minutos hacer algo de desayunar, no me cae nada bien. Y luego con un comienzo así creo que entré en pánico.
Que como todo tiene su historia, la historia de este amancer es la siguiente: Ayer llegué muy cansada a mi casa, con una migraña recién nacida que amenazaba con llegar a adulta encuestión de unas horas, sobrecargada emocionalmente, estresada… Entré para ponerme una liga en el cabello y sostener una bolsa de hielos en la nuca con la esperanza de que mi recién parida migraña dijera su adiós pronto. Mi marido se veía preocupado, me abrazó, preguntó qué podía hacer por mi, nos fuimos a acostar y de pronto como esas cosas que no pueden evitarse (la marea, la lluvia, un día de calor a medio invierno) me solté llorando. Y a todas sus preguntas de mi llanto y de lo que me estaba pasando, mi única respuesta eran rotundos y continuos “No sé’s”. Exasperante para cualquiera.
Luego me calmé, dije algunas incoherencias de mi trabajo, de cómo a veces me cuestra trabajo dejar atrás todo el dolor y los problemas que escucho por minuto durante el día, de cómo a veces me sobrepasa emocionalmente, y no logro mantener la mentada neutralidad técnica. Y pasado eso me quedé dormida, no sin antes luchar por huir de su abrazo y sus muestras de cariño, que por cierto, siempre solicito.
Y sí, hoy me dijo “Siento que algo está mal entre nosotros”. Y entiendo el porqué. Yo he estado alejada físicamente. Y estoy cansada, de mi, de él, del trabajo, de la escuela, de mi terapeuta, de mi supervisor, de mis amigos, de mis perros… de toda mi vida. Me está alcanzando la depre decembrina de mis pacientes, me está ganando la identificación. Y en medio de esto llega la confrontación amorosa tempranera, que sustituye el sexo tempranero de antaño. Y no es que seamos viejos, ni que llevemos demasiado tiempo de relación. No es que se haya acabado el deseo, que ahora sirve para roerme, no para satisfacerme. Es que hay épocas en las que no todo marcha bien, pero eso no quiere decir que esté algo mal, sólo que hay algo que hace las cosas más lentas, y nos pone en un lugar donde empezamos a ver de lejos.
No, no hay algo mal entre nosotros. Es sólo un distanciamiento forzoso, por los malditos virus del ambiente, y lo que le hacen a nuestra psique.
“Es que hay épocas en las que no todo marcha bien, pero eso no quiere decir que esté algo mal, sólo que hay algo que hace las cosas más lentas, y nos pone en un lugar donde empezamos a ver de lejos.”
Es difícil describir mejor una situación de falta de ilusión, de no tener nada por lo que levantarse cada mañana, seguramente muchos hemos pasado por eso y te comprendemos.
A mi me ayudó mucho esta canción cuando creí tocar fondo y veía mi camino cada día más estrecho, más oscuro, sin nada por lo que luchar, sin nada por lo que seguir disfrutando.
http://www.youtube.com/watch?v=zjR8Z-lx6Lc
Difícil tarea levantar el ánimo a una psicóloga, y más en fechas como las de ahora, en las que la presión externa nos obliga a ser felices por que toca, y seguramente es aún más difícil serlo y te lleva a esconderte más dentro de ti misma. Intenta salir, por ti, por los que amas, por que siempre hay un mañana, y simpre puede haber algo por lo que seguir adelante, el camino termina abriéndose y saliendo otra vez el sol, créeme.
Mil gracias!!
XXXOOO
No se merecen. Las gracias son sentir que te he ayudado un poco.
Animo.
JM