Esta fue una navidad nueva… Claro, cada año es nueva, pero tal vez deba decir diferente. La pasé sóla con mi pareja (recordando el título de la película…), con mi esposo, sin más compañía que un disco comprado en Starbucks, llamado Stockings by the Fire, con temas navideños no demasiado cursis. Recomendable por cierto, para no tener que escuchar una serie de villancicos con vocecillas demasiado agudas como para poder alcanzarlas y para tener música navideña de fondo sin llegar a sentirse en pelicula holliwoodense, sino en una película propia.
La verdad es que al principio no tenía idea de como la ibamos a pasar, ya que J, mi esposo, está enfermo, lleva varias semanas así, así que tampoco podía planear una velada que acabara apasionadamente, pero quería que fuera algo íntimo. Así que acabé por acomodar la mesa frente al árbol de navidad, con muchas velas, nochebuenas, y demás cositas navideñas, y preparé una lasagna muy sana de verduras y queso panela y algo de pescado. Si he de ser sincera, sí pasé mucho tiempo planeandolo, pensandolo, imaginando cómo acomodar las cosas… y si se dio el ambiente que quería, acogedor, y si, muy íntimo, ese tipo de ambiente que presta a hablar de cosas profundas, y eso hicimos, cenamos y hablamos de eso que no en todos los momentos se puede poner en palabras. Luego nos fuimos a abrazar un rato en la cama, con las piernas entrecruzadas, en silencio, sin necesidad de más.
Ya no hay pláticas de “algo anda mal”, hemos pasado varios días de cómoda familiaridad, de esa que parecía andar resquebrajada a principios de mes. Hemos hablado de nuestro futuro juntos, de envejecer de la mano.
Espero más momentos extraños, pero también mucha felicidad, y espero que esta sensación me dure hasta por lo menos el inicio de año que ya no tarda en alcanzarnos, para empezar, por una vez, un año bien.